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MILKA LAY
PABLO NERUDA
-poeta chileno-
Hace 40 años en Washington, al poeta chileno PABLO NERUDA, le fue impedido por un grupo de funcionarios anticastristas, dar un recital. En los primeros dias del mes de junio de este año , se logró su objetivo en el Banco Interamericano de Desarrollo, el cual no fue suficiente para albergar en 500 asientos al publico asistente.
El 18 de junio de 1966, un Neruda de 61 años, famoso pero no aún Premio Nobel, estaba en Washington para dar un recital en el BID, a invitación de su presidente, el también chileno Felipe Herrera, según relató Félix Ángel, director del centro cultural de la institución.
Neruda había llegado desde Nueva York tras recibir un homenaje del Pen Club, una asociación de escritores muy prestigiosa, e iba a grabar en Washington para la Biblioteca del Congreso de EEUU su poema "Alturas de Macchu Picchu".
Para la Biblioteca si leyó su poema "Madre de piedra, espuma de los cóndores/Alto arrecife de la aurora humana", pero en la sede del BID, entonces localizada en la calle 17, cerca de la Casa Blanca, no llegaron a oírse sus palabras.
Ese recital de Neruda, que estaba olvidado en el BID, picó la curiosidad del colombiano Felix Ángel(director del centro cultural de la institución), que se lanzó tras la pista de la grabación de aquella sesión. La descubrió hace dos años por casualidad, según confesó, al preguntar a un veterano del Banco si se acordaba de aquel acto.
Entonces en el auditorio “Enrique Iglesias” del Banco , se escuchó en la grabación la característica voz nasal y monótona de Neruda que comenzó con dos de sus poemas de amor, manifestando: "porque vi tanta juventud en esta sala",y recitó:"me gusta cuando callas porque estás como ausente", uno de sus "Veinte poemas de amor y una canción desesperada", un libro con el que han aprendido a enamorarse miles de adolescentes.
Y luego, humilde pero seguro, recitó: "Puedo escribir los versos más tristes esta noche", y al oír estas palabras la audiencia de 1966 suspiró y murmulló emocionada, como cuando se escucha el principio de la canción favorita en un concierto. Cuarenta años más tarde también se encogieron los corazones y se humedecieron los ojos,al oír al poeta recitar sus poemas……
Este poeta chileno, considerado uno de los más importantes del siglo XX.Nació en 1904 y falleció en 1973.Escribía poesía desde muy joven (el seudónimo comenzó a usarlo cuando apenas tenía dieciséis años). Gabriela Mistral lo inició en el conocimiento de los novelistas rusos, que el poeta admiró toda su vida. Estudió para convertirse en profesor de francés, sin llegar a lograrlo. Su primer libro, cuyos gastos de publicación sufragó él mismo con la colaboración de amigos, fue Crepusculario (1923). Al año siguiente, su Veinte poemas de amor y una canción desesperada se convirtió en un éxito de ventas (ha superado el millón de ejemplares), y lo situó como uno de los poetas más destacados de Latinoamérica.
Entre las numerosas obras que le siguieron destacan Residencia en la tierra (1933), y Canto general (1950). Como obra póstuma se publicaron, en el mismo año de su fallecimiento, sus memorias, con el nombre de Confieso que he vivido. Poeta enormemente imaginativo, Neruda fue simbolista en sus comienzos, para unirse posteriormente al surrealismo y derivar, finalmente, hacia el realismo, sustituyendo la estructura tradicional de la poesía por unas formas expresivas. Su influencia sobre los poetas de habla hispana ha sido incalculable y su reputación internacional supera los límites de la lengua. En reconocimiento a su valor literario, Neruda fue incorporado al cuerpo consular chileno y, entre 1927 y 1944, representó a su país en ciudades de Asia, Latinoamérica y España. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura en 1945 y en 1971 recibió el Premio Nobel de Literatura.
Nosotros Recordamos algunos de sus poemas……
Poema 20
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos. La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería. Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella. Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla. La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos. Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca. Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles. Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos. Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero. Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos, Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa, y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
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SONETO XCII
Amor mío, si muero y tú no mueres, no demos al dolor más territorio: amor mío, si mueres y no muero, no hay extensión como la que vivimos.
Polvo en el trigo, arena en las arenas el tiempo, el agua errante, el viento vago nos llevó como grano navegante. Pudimos no encontrarnos en el tiempo.
Esta pradera en que nos encontramos, oh pequeño infinito! devolvemos. Pero este amor, amor, no ha terminado,
y así como no tuvo nacimiento no tiene muerte, es como un largo río, sólo cambia as y de labios.
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Para que tu me oigas
Para que tú me oigas, mis palabras se adelgazan a veces como las huellas de las gaviotas en las playas. Collar, cascabel ebrio para tus manos suaves como las uvas. Y las miro lejanas mis palabras. Más que mías son tuyas. Van trepando en mi viejo dolor como las yedras.
Ellas trepan así por las paredes húmedas. Eres tú la culpable de este juego sangriento. Ellas están huyendo de mi guarida oscura. Todo lo llenas tú, todo lo llenas.
Antes que tú poblaron la soledad que ocupas, y están acostumbradas más que tú a mi tristeza.
Ahora quiero que digan lo que quiero decirte para que tú oigas como quiero que me oigas.
El viento de la angustia aún las suele arrastrar. Huracanes de sueños a veces las tumban. Escucha otras veces en mi voz dolorida.
Llanto de viejas bocas, sangre de viejas súplicas. Amame compañera. No me abandones, sígueme. Sígueme compañera, en esa ola de angustia.
Pero se van tiñendo de amor mis palabras. Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas.
Voy haciendo un collar infinito para tus blancas manos, suaves como las uvas.
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Hemos perdido aún éste crepúsculo
Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas mientras la noche azul caía sobre el mundo. He visto desde mi ventana la fiesta del poniente en los cerros lejanos.
A veces como una moneda se encendía un pedazo de sol entre mis manos.
Yo te recordaba con el alma apretada de esa tristeza que tú me conoces.
Entonces, dónde estabas? Entre qué gentes? Diciendo qué palabras? Por qué se me vendrá todo el amor de golpe cuando me siento triste, y te siento lejana?
Cayó el libro que siempre se toma en el crepúsculo, y como un perro herido rodó a mis pies mi capa.
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